Gracias MLK, Seguimos Adelante!

18 01 2010

Gracias Dr. Martin Luther King, Jr. No pudieramos estar aqui sin su esfuerzo. Today we honor Dr. King and it’s a reminder that we still have work to do. We may have elected the first African-American president and first Latina appointed to the U.S. Supreme court but we still have struggles in our neighborhoods and communities, from East Austin to Haiti. In his Samaritan sermon, Dr. King said (and I’m paraphrasing), “That’s the question before you…The question is not if I stop to help this man, what will happen to me? But if I do not stop to help this man what will happen to him?”

Today I’m reminded of the work we need to do and it helps that I happen to have a vinyl recording of his sermons, including I’VE BEEN TO THE MOUNTAINTOP and I HAVE A DREAM. I recorded the speeches on my compu to give you a little inspiration during the King holiday.

From my vinyl colleccion:

….Free at Last: I’VE BEEN TO THE

MLK - Free At Last Album Cover

MOUNTAINTOP and excerpts from I HAVE A

DREAM

Haz Clic aqui para que haga play! ūüėČ

I also happen to have MLK’s I HAVE A DREAM speech en Espa√Īol.

I hope this gives you a little bit of Si Se Puede attitude in 2010!

Adelante,

Mando

Tengo un Sue√Īo

Por Martin Luther King, Jr. РDiscurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington.

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Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien a√Īos, un gran estadounidense, cuya simb√≥lica sombra nos cobija hoy, firm√≥ la Proclama de la emancipaci√≥n. Este trascendental decreto signific√≥ como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Lleg√≥ como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien a√Īos despu√©s, el negro a√ļn no es libre; cien a√Īos despu√©s, la vida del negro es a√ļn tristemente lacerada por las esposas de la segregaci√≥n y las cadenas de la discriminaci√≥n; cien a√Īos despu√©s, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso oc√©ano de prosperidad material; cien a√Īos despu√©s, el negro todav√≠a languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aqu√≠ a dramatizar una condici√≥n vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro pa√≠s, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra rep√ļblica escribieron las magn√≠ficas palabras de la Constituci√≥n y de la Declaraci√≥n de Independencia, firmaron un pagar√© del que todo estadounidense habr√≠a de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les ser√≠an garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la b√ļsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en d√≠a, que Estados Unidos ha incumplido ese pagar√© en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligaci√≥n, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes b√≥vedas de la oportunidad de este pa√≠s. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmar√° de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Ser√≠a fatal para la naci√≥n pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisi√≥n de los negros. Este verano, ardiente por el leg√≠timo descontento de los negros, no pasar√° hasta que no haya un oto√Īo vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¬ŅCu√°ndo quedar√°n satisfechos?”

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros s√≥lo podamos trasladarnos de un gueto peque√Īo a un gueto m√°s grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisip√≠ no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qu√© votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.

S√© que algunos de ustedes han venido hasta aqu√≠ debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado reci√©n salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su b√ļsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecuci√≥n y derribados por los vientos de la brutalidad polic√≠aca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Contin√ļen trabajando con la convicci√≥n de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos m√≠os, que a pesar de las dificultades del momento, yo a√ļn tengo un sue√Īo. Es un sue√Īo profundamente arraigado en el sue√Īo “americano”.

Sue√Īo que un d√≠a esta naci√≥n se levantar√° y vivir√° el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Sue√Īo que un d√≠a, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos due√Īos de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sue√Īo que un d√≠a, incluso el estado de Misisip√≠, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresi√≥n, se convertir√° en un oasis de libertad y justicia.

Sue√Īo que mis cuatro hijos vivir√°n un d√≠a en un pa√≠s en el cual no ser√°n juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¬°Hoy tengo un sue√Īo!

Sue√Īo que un d√≠a, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposici√≥n entre las razas y anulaci√≥n de los negros, se convierta en un sitio donde los ni√Īos y ni√Īas negras, puedan unir sus manos con las de los ni√Īos y ni√Īas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¬°Hoy tengo un sue√Īo!

Sue√Īo que alg√ļn d√≠a los valles ser√°n cumbres, y las colinas y monta√Īas ser√°n llanos, los sitios m√°s escarpados ser√°n nivelados y los torcidos ser√°n enderezados, y la gloria de Dios ser√° revelada, y se unir√° todo el g√©nero humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la monta√Īa de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra naci√≥n, en una hermosa sinfon√≠a de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la c√°rcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que alg√ļn d√≠a seremos libres.

Ese ser√° el d√≠a cuando todos los hijos de Dios podr√°n cantar el himno con un nuevo significado, “Mi pa√≠s es tuyo. Dulce tierra de libertad, a t√≠ te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la monta√Īa, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendr√° que hacerse realidad.

Por eso, ¬°que repique la libertad desde la c√ļspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¬°Que repique la libertad desde las poderosas monta√Īas de Nueva York! ¬°Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¬°Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¬°Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no s√≥lo eso: ! ¬°Que repique la libertad desde la Monta√Īa de Piedra de Georgia! ¬°Que repique la libertad desde la Monta√Īa Lookout de Tennesse! ¬°Que repique la libertad desde cada peque√Īa colina y monta√Īa de Misisip√≠! “De cada costado de la monta√Īa, que repique la libertad”.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caser√≠o, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del d√≠a cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, jud√≠os y cristianos, protestantes y cat√≥licos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¬°Libres al fin! ¬°Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¬°somos libres al fin!”

Washington, DC
28 de agosto de 1963